Nueva institucionalidad científica: la voz de los editores científicos de Chile

Mié, 07/19/2017 - 15:03 -- daniel.maureira

No son pocos los factores que desde hace algunos años vienen alentando la necesidad de que la edición y comunicación científicas del país vayan adquiriendo fisonomía pública, es decir, que a la par con desempeñar las tareas que le corresponden en el medio académico y de la investigación, sea también capaz de asomarse al ámbito de la discusión más o menos abierta sobre los hechos y necesidades que le atañen, dejando de ser, al menos en alguna medida, un área anónima y sujeta a las constantes veleidades de la burocracia universitaria.

En la comunicación científica participan diversos componentes, comenzando por los mismos autores, generalmente académicos investigadores. Del conjunto de personas y flujos de trabajo que se dan cita, la tarea del editor (o editora) juega un rol de primer orden en tanto gestor y articulador de los encadenamientos que se dan cita en esta actividad. Sin ánimo de exagerar, bien puede concluirse que la mejor o peor suerte de cualquier proyecto científico-comunicacional radica, de modo preponderante, en la presencia o ausencia de la figura del editor. Ahora bien, con el ingreso de esta comunicación a la variedad de recursos que en los últimos años ha traído consigo el desarrollo de la internet, la función de los editores ha devenido en creciente complejidad siendo, aún más que en tiempos anteriores, instancia clave y primordial. En efecto, quien ocupe o quiera desempeñarse como editor en las circunstancias de hoy, el desafío importa no sólo conocer aspectos básicos de la materia a comunicar (ciencias y humanidades), sino, a la vez, estar al tanto en asuntos de administración, de redacción científica, de plataformas y software de edición, de marcaje de contenidos, de normas éticas y buenas prácticas editoriales, de desarrollo de audiencias, de participación en organismos técnicos y asociativos tanto nacionales como extranjeros, etc., elementos que, salvo excepciones, por lo común no están siendo advertidas ni menos atendidas por las autoridades universitarias ni del Estado. (continua