Columna Emergencias N°17: La irrupción del Racismo

¡El racismo ha muerto!  era la consigna de muchos intelectuales en la década de 1960-1970, con la falsa idea y esperanza de que el racismo había dejado de existir como un problema en las sociedades postmodernas, y todo lo que quedaba de esa etapa oscura de la sociedad eran unas actitudes discriminatorias o unos neorracismos no ya de carácter racial sino cultural. Taguieff nos advertía, sin embargo, del peligro de su banalización o de su mutación a este respecto (1995, pp. 152 y ss.). Wieviorka también señalaba el recrudecimiento del racismo en las sociedades europeas, al focalizarse ahora en el inmigrante, el islamista o en determinados extranjeros; en otras palabras, en el nuevo “bárbaro”: aquel que no habla nuestra lengua ni practica nuestros usos y costumbres ni tampoco se puede asimilar a la sociedad occidental por  su comportamiento cruel e inhumano con sus congéneres (1995, pp. 205-223; 2009, p. 21).

         La miopía de Occidente ante un racismo, como una corriente soterrada bajo comportamientos o actitudes “políticamente correctas”, ignoró su permanente latencia en nuestras sociedades con la falsa esperanza en el poder paliativo de la multiculturalidad o la interculturalidad, y nos ha llevado a enfrentarnos - improvisamente y como quien se despierta de una pesadilla - a un racismo manifiesto y brutal, conducido y expresado por el Estado y los partidos políticos nacionalistas, cuya máxima expresión es el presidente de Estados Unidos y su administración.[1]

La complacencia de intelectuales, académicos, elites simbólicas, medios de comunicación y los electores nos hace reflexionar, sobre la connivencia de algunos de grupos sobre la nueva emergencia del racismo. Ello ha conducido a la situación actual, del racismo manifiesto y brutal, expresado no solo en las redes sociales en todo el mundo contra: el inmigrante pobre - “moro”, “indio”, “negro” o “mexicano” -; en otras palabras, contra todo aquel catalogado como “bárbaro” (Todorov, 2008, pp. 30-45), no solo por su forma diferente de usar el idioma o de compartir la cultura hegemónica, sino por el modo como se desatar el acoso y el miedo que nos lleva a generalizar que todo inmigrante – por no pertenecer a la “comunidad occidental”-  es una amenaza para nuestras sociedades, un peligro público que hay que  erradicar.

La ideología racial y racista es una corriente de pensamiento que se ha ido fortaleciendo en los últimos veinte años en Europa y en América Latina, y que hemos seguido denunciando, padeciendo y combatiendo, pero que no la hemos negado y, quizá por ello, somos más cautos para aceptar lo inevitable de este hecho histórico-estructural, y hemos elaborado algunas políticas públicas  para combatirlo o paliarlo.

El racismo nos ha vuelto a sorprender,  creíamos que obedecía exclusivamente a comportamientos y actitudes de los partidos nacionalistas de extrema derecha (filonazis) en Francia, Alemania, Grecia, Austria, Holanda y otros países de Europa[2]. Por ello, resulta difícil de creer que esta corriente hegemónica y esta ideología racista  desaparecieran en el siglo XXI. Muy al contrario, los partidos nacionalistas europeos y la  administración Trump, con la doctrina de la supremacía blanca han vuelto a ponerla en el centro del debate y de la agenda política, poniendo en grave riesgo a nuestro planeta.

El grupo de trabajo del Instituto de estudios avanzados (IDEA) Intelectualidades emergentes en Nuestra América, ha publicado recientemente el número 17 de "Emergentes" una columna de opinión, debate y reflexión. 

Además puedes consultar números anteriores de Emergencias Aquí.

 

* Doctora. Académica e investigadora guatemateca.

[1] El racismo en Estados Unidos es una de las ideologías con mayor presencia histórica. La llegada del presidente Trump lo ha exacerbado, y se retorna la idea y defensa de la supremacía blanca y del destino manifiesto..

[2] Algunos ejemplos de los partidos que disputan las próximas elecciones en Europa y sus regiones son: el Frente Nacional en Francia (Marine Le Pen); el Nationaldemokratische Partei Deutschlands  (NPD, de Udo Voigt y Holger Szymanski;  converge con Die Republikaner (REP) y Alternative für Deutschland (AfD, de Frauke Petry y Jörg Meuthen); Amanecer Dorado de Grecia (Nikos Michaloliakos); el Perussuomalaise o Partido de los Verdaderos Finlandeses (de James Hirvisaari); el Partido Popular Danés (PPD, de Pia Kjærsgaard y Kristian Thulesen Dahl); el Partido para la Libertad  (PVV de Geert Wilders) y el Centrum Democraten  (Pym Fortuyn) de Holanda;  el Movimiento por una Hungría Mejor (JOBBIKk) de Márton Gyöngyösi y Gábor Vona; el Freiheitliche Partei Österreich (FPÖ), de Heinz-Christian Strache y Norbert Hofer; la Liga Norte, Casa Pound de Gianluca Iannone y Fuerza Nueva de Roberto Fiore, en Italia; el  Partido de la Independencia del Reino Unido, se Nigel Farage; el Partido Demócrata Sueco de Björn Söder.